Anoche me desperté tremendamente asustada, soñé que mi imaginación perdía sus alas. No volaba como acostumbraba, ya no podía acudir a rincones a los que solía acudir cuando gustaba de aislarme de la realidad. Hay momentos en los que me siento menos libre, menos yo. Y es entonces cuando buscaría isla desierta en la que perderme. Un pequeño paraíso donde cobijarme de la realidad que se vuelve cruda a ratos.
Un recoveco donde los imposibles se tornan posibles, donde mi imaginación se esparcía a sus anchas haciéndome sentir libre, así era cuando lo que escribía era más yo y menos nadie.
Pero desde anoche, ¡ horror! Mi “ Nunca Jamás” se había esfumado, y sin él final se acerca, sin prisa pero sin pausa. Sin él siento que mi vida es la historia de un disparate.
“ Que no cunda el pánico”, pienso. No puedo desistir en su búsqueda, y si no alternativas para que vuelva. Hay un cóctel que me recuerda esas épocas en las que volaba, corría y gritaba a mis anchas, me recuerda que alguna vez fui libre. Es el cóctel de un amigo, creado para una ocasión especial, The End by Javier Caballero.
Y junto a él este monólogo de alcoba:
Disparate es lo que pasa cuando parece que los astros se confabulan para que tu pedacito de paraíso, tu paz interior, se desmorone.
Disparate es cuando deja de tener sentido lo que haces, o ver cómo se agolpa ese fluir de sensaciones y emociones por dentro y no encuentras el modo de expresarlo.
Otro disparate es cuando te das cuenta que has estado viviendo una historia imaginaria, con una persona imaginaria, disfrutando de placeres imaginarios que hacen palpitar ese corazón que cada vez tengo más dudas si es real o no, si realmente siente o está ya tan machacado que no es capaz de evocar emoción alguna.
2 oz. Tequila Añejo Calle 23:
Los tequilas de Calle 23 se producen en pequeños lotes, con doble destilación.
Madurados durante 6 meses en barricas de bourbon, lo que le confiere al tequila un sabor suave, limpio y con notas ahumadas.
El tequila añejo en concreto tiene un color ámbar, con mucho cuerpo, aromas fuertes densos tales como la vainilla, el café y el roble.
Tequila, agave... Ese sabor astringente, que si bien deja un regusto entre amargo y seco, no termina de desagradar, simplemente uno se acostumbra. Es el que me deja cuando recuerdo que todo era perfecto, mi vida era como una habitación donde todo estaba colocado y diseñado cuidadosamente para que mi realidad y mis emociones fuesen perfectas, pero un buen día quise sentir el viento en mis mejillas y abrí la ventana. Sí, conseguí sentir el aire en la cara, pero esta ventolera lo ha dejado todo patas arriba.... Y ahora no encuentro el modo de poner orden.
Así que tequila, tequila y más tequila, ya está bien de regodearse en las penas sin buscar las soluciones.
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Foto realizada por 30f4 |
Vainilla, bourbon y café aromas muy característicos, con personalidad propia. Olores inconfundibles que , aun y estando mezclados se distinguen perfectamente entre ellos.
Dulzura es el sabor que se me queda en la boca cuando recuerdo la facilidad con la que salen las palabras en mi mente cuando dejo a mi imaginación libre... Ya son muchas las palabras se agolpan en mi cabeza, sentimientos en mi corazón. Aunque parezca que ni siento ni padezco, pues tengo una especie de interruptor que se conmuta automáticamente para bloquear su salida al exterior... Vainilla, bourbon y café, para dar rienda suelta a la cabeza y al corazón.... Así que tomo aire y... Uno, dos, tres... Decirte que te pienso más de lo que piensas, te siento más de lo que crees, y te quiero más de lo que imaginas.
2 Dash de Brandy Bitter ( by Liquid Experience) y un dash de bitter cacao:
Aromatic Bitters, lo que en sus comienzos fue creado como remedio medicinal, pasó a convertirse en un ingrediente fundamental en muchas barras. Utilizado para aderezar muchos cócteles , los cuales cobraban un brillo especial con un simple dash de estos pequeños frascos con tan potente sabor, un toque sutil que marcaba mucho la diferencia. Por ello su consumo se disparó, hasta que llegó la Ley Seca donde su consumo cayó en picado pues era prácticamente imposible conseguir estos pequeños frascos debido a su alto contenido alcohólico.
Y en los últimos años su consumo ha sufrido un ascenso vertiginoso, para llegar a ser otra vez en ingrediente esencial en nuestros cócteles.
Bitters, ese es el regusto amargo que te deja el discernir qué origina toda esa vorágine de disparates... Encabezando la lista estás tú mismo, por permitir que juicios y condenas de terceros que creen conocerte mejor que tú, te intoxiquen las entrañas.
Pero el tomar consciencia de la verdadera forma de algunos de los que te rodean... Eso duele.
En vaso mezclador se añaden todos los ingredientes y se remueve hasta que se haya disuelto bien el azúcar. Luego se añade hielo y se remueve para conseguir la temperatura deseada.
Se sirve en vaso on the Rocks, con un twist de naranja y una onza de chocolate negro como decoración.

Y ahora sí, que se pare el mundo, que se detenga la realidad... Unos instantes para disfrutar de este placer amargo... Mmmm, ya vuelvo a divisar el camino hacia mi isla desierta.